sábado, 12 de agosto de 2017

Decir: ¡Vaya viajecito!

Parece que fue hace una eternidad cuando traté de escribir un poco de basura tras la eliminación de Champions. Ha sido la tercera temporada que llego a esa parte final del trayecto exhausto. Otra vez la sensación de llegar con la lengua fuera, o mejor dicho, bien escondida y sin motivación de hablar por aquí. Sin las ganas (tiempo siempre se puede sacar) para despedir aún más al Calderón, agradecer al equipo su gran intento de revertir las semifinales de Champions, hacer un balance de lo bueno y lo no tan bueno de este nuevo capítulo con el Cholo al mando... Y así con la tontería llega otro periodo de entreguerras, y a mediados de agosto me vuelve a picar el gusanillo, veo las cuatro patochadas amorfas que no llegué a publicar haciendo referencia al último partido ante el Madrid, y veo que ya no tiene sentido remover la mierda al mismo tiempo que constato que sigo queriendo más de este modo de vivir las temporadas, ¿quién sabe si será la última con el grosso de este elenco de grandes jugadores y mejor líder? Mi temporada futbolística terminó más tarde tras seguir la fase de ascenso a tercera. Después, en mi pretemporada particular, con vacaciones de goma, mudanza y labores de canguro interminables, he logrado minimizar mi síndrome de abstinencia y es ahora, cerca ya de la vuelta de calentamiento, cuando sí que desea uno que esto empiece.


Porque ya están quitados los puntos, en las heridas y en los casilleros de cada competición. Se levan anclas de nuevo y este año, como siempre, se vuelve a hablar de novias, follamigas y fulanas que hablan al oído a nuestros cracks y nuestros dirigentes. Me parece hace un siglo cuando veía al Manchester United levantar la Europa League, mientras pensaba que se nos iba Griezmann pallá. No es que no esté acostumbrado a la escapada de nuestros mejores jugadores, sino que este año con la sanción de fichajes, si se iba el rubiales nos dejaba con una mano delante y otra atrás. El caso es que tras no cristalizar esa marcha, tan tempranera en el largo verano que se avecinaba, me he vuelto aún más pasota con el marujeo del mercado estival, y ya no me creo ni un cuarto de lo que vea (si no, acordémonos del rocambolesco caso Vitolo). A falta de otra cosa, consolémonos pensando en lo difícil que es que un nuevo jugador llegue a hacerlo medianamente regular aquí, y esperemos que llegue el Diegoelantero Costaentro en la última campanada (eso sí, que no coja más kilos el lagarto, sino que los suelten en forma de £ para traerlo de vuelta). De aquí a que llegue la caballería de refuerzo allá por el turrón, habremos tenido tiempo de que no nos chirríe el nuevo estadio, incluso a tolerar el nuevo escudo/logo, y ojalá que no hayamos perdido el sano hábito de seguir comiendo en la mesa de los ricos, pero eructando y limpiándonos con el mantel. Entre medias, se intentará mantener al día religiosamente el cuaderno de bitácora para gloria de nuestro Atleti, con la esperanza de llegar a la meta allá por junio, a poder ser con silverware de alguna razzia, y sobre todo tener fuerzas hasta la última palada para estar a la altura del equipo hasta el final. Quizá sea triste, pero solo a través de este blog aspiro a cumplir la siguiente frase, que da gran inspiración a mi entrada, veremos si llego con gasoil suficiente:

lunes, 8 de mayo de 2017

La penúltima

Cuando yo pensaba que ya había disfrutado de mi última vez en el Calderón, hace un par de meses me propusieron volver para asistir al Atleti-Éibar. El hermano de mi cuñado sacó un palco VIP para ocho "a lo loco" por la ansiedad que genera saber que nuestro templo tiene los partidos contados. Me dieron donde me duele, así que en esas me enrolé en un ida y vuelta Torremolinos-Madrid (yo me incorporé desde Vélez-Málaga y me recogieron en Antequera junto a la mitad de la expedición). Rezando porque no se averiara la furgoneta y porque fuera fácil aparcar, partimos hacia Madrid con la hora pegada al culo. Afortunadamente llegamos de sobra al estadio porque no conducía yo. Esta vez sí que sí era la última visita. Pude disfrutar de una llegada diferente, porque las otras veces entraba desde la parada de Pirámides. En esta ocasión el parque del otro lado del río le daba una mística especial al ritual. Mis acompañantes: mi inseparable sobrino Bati, mi cuñado y mentor atlético Amador, su hermano Antonio y su mujer, una sobrina de los mismos de la edad de mi sobrino (Bati tírale que está buena cabrón) y Pepe, el otro hermano atlético de los susodichos. Sin duda el que más lo flipó, porque era el más colchonero de los que lo visitaban por primera vez. Una persona con más memoria si cabe que yo para la estadística rojiblanca y que aprovechó para comprarse una camiseta de Griezmann (yo no le hubiera puesto nombre por si las moscas...). Para completar el octeto, luego llegó un amigo común de ellos de Madrid.


Era una experiencia diferente. Temía que por estar en esa jaula de oro no sintiera la atmósfera del partido. No estoy hecho para los lujos, pero me acostumbré pronto. Una pechá de comer y beber, con la comodidad de mear a medio metro y una tele por si había algo que aclarar. No estuvo nada mal, aunque tenía mis reticencias y ni que decir tiene que me sentía fuera de lugar, porque yo soy más de fondo que de palco no me jodas. El trato fue correcto pero un tanto seco para gente del sur. Normal si alguien trabaja justo cuando juega el Atleti y sin poder verlo teniéndolo tan cerquita, yo también estaría de mala hostia. Supongo que porque no me esperaba sentir tanto el clima del estadio, o porque era la última vez, o porque sabía que tenía a mi alrededor gente conocida y que estaba disfrutando el momento igual o más que yo, no tuve más remedio que emocionarme al salir los jugadores. Me tengo que hacer mirar ese amariconamiento porque no es normal ya. 


Delante, un Atleti con el orgullo herido y el cuerpo magullado. Enfrente, un Éibar con lo mejor de tener el futuro resuelto: desparpajo y tranquilidad. Al principio parecía que pesaban las piernas, o sería la sensación de verlo en directo, donde cualquier carrera o pase no parecen tan fáciles. El caso es que poco a poco el Atleti se fue soltando el pelo tras un inicio dubitativo. Al descanso ya habían caído dos ocasiones increíbles. Luego por fin vi a Fernando Torres jugar en el Calderón, y cuando se empezaba a instalar la zozobra y estaba a punto de ponerme nervioso de verdad, llegó el gol. Golazo mejor dicho. Imperdible la participación de Godín tanto en la celebración como en su incursión desde el flanco izquierdo (Thomas por el otro sin palabras). Grande también la maniobra de Fernando dejándola pasar. Lo más difícil estaba hecho. Siendo sincero, a esas alturas estaba más preocupado por Pepe que por mí respecto al devenir del partido. Ahí al menos ya habíamos cantado gol, porque tiene que ser una puta mierda ir por primera y última vez y no aclararte la garganta con alguno. Ya no se sufrió hasta el descuento. Parecía como si el destino se empeñara en que ese partido debía acabar en empate por cojones. Fue infartante. Menos mal que estuvo ahí Tiago para salvar el gol vasco, porque la vuelta hubiera sido más larga a pesar de la buena experiencia. Final feliz...


Y con extras, porque la arenga multitudinaria de casi la totalidad del Calderón para apoyar a los jugadores antes de la Champions fue bestial. Yo ya me olía algo así, pero saborearlo es totalmente distinto. Lo único, por poner pegas, es que no me gusta que nos acordemos tanto del rival. El Atleti es lo suficientemente grande como para no mencionar tanto a los de la acera de enfrente y sus madres con determinados cánticos. Ya bastante se acuerdan ellos de nosotros en sus grotescas manualidades. De todas formas, se consiguió marcar el primer gol de la vuelta, esperemos que ayude. Y hablando de vuelta, tras tener el lujo de ver a 20 metros al Cholo salir del estadio, todo fue bien. Llegamos al punto de encuentro a las 0:03, y la hora de camino en solitario hacia Vélez se me hizo corta, casi tanto como la vida del mejor estadio del mundo, mi otro corazón. Hasta siempre amigo mío.


jueves, 4 de mayo de 2017

Cauterizando

Dos días más tarde, dejo constancia de la derrota de la ida de semifinales de Copa de Europa 2017 ante el Real Madrid. Antes no pude: por la mala hostia del resultado y por el estrés de esta semana, a la que se le junta todo lo malo. Aún así, más vale tarde que callar en las duras. Es mi pequeña muestra de respeto a mi equipo y a este mi diario, tras el trabajo que me ha costado volver a escribir en él. 

El Atleti salió con el cuchillo sin afilar, el espíritu a medio abrochar, y a todos se nos quedó el alma de tontos cuando acabó todo, seguro que antes. Fue un resultado justo por más que nos pese. Lo que no fue justo fue aguantar los comentarios de Petón, al que le queda mejor contar historias que la faceta de comentarista forofo. Mencionar también que el rival juega. Porque los nuestros lo hacen tan bien normalmente que damos por sentado que si no se consigue el éxito es exclusivamente nuestra culpa. El Madrid mordió más, y quizá eso es lo que más me apene independientemente del resultado, que nos ganaron en lo que normalmente nadie nos tose: carácter. En este día de engarrotamiento general, llegado en el peor momento, no olvidemos destacar la gran labor de Lucas Hernández, al que le tocó bailar con la más guapa. Un ejemplo más de superación como el que acostumbra el Atleti habitualmente. Por eso nos desangelamos cuando nos deja huérfanos de él. De nada sirvió que yo, creyéndome el centro del universo, me quitara mi camiseta, la de mi novia y que cambiara a Hernán la equipación por el pijama al descanso. Tampoco el motivador paseo por el Bernabéu el día antes de Gabi. Ya sabemos desde hace tiempo que el fútbol no nos debe una mierda, pero hay gente que tendemos a asociar ciertas gestos como sintomáticos de la victoria, por más que volvamos a descubrir que no importa más que meter más goles que el rival.

Solo queda estar con el equipo, como ya hacía la afición en el tiempo de alargue. Vamos a agarrarnos al alfiler ardiendo de la vuelta. No ya para tratar de remontar, sino para terminar esta competición con la cabeza alta. Lo que más me jode es tener tan sumamente truncadas las ilusiones para la vuelta. Yo, qué quieren que les diga, estaré imbécil y/o loco, pero llegar lo más lejos posible en esta competición es algo que me tiene obsesionado, como dice la canción. Quizá lo que ocurre es que tengo muy cubiertas otras expectativas, pero en cualquier caso me avergüenza, porque supongo que no habla muy bien de mí, el reconocer que es probablemente la ilusión de mi vida ganarla. La culpa la tiene un argentino que desde que llegó nos ha subido a una torreta para mirar a los ojos a los grandes tanques de este campo de batalla. Él lidera a un grupo que ha conseguido que asocie el aroma de las tardes de primavera con atmósfera de partidos grandes, cuando casi siempre eran otros los protagonistas. Hoy no te doy las gracias Cholo, ni siquiera te las daré en mi último partido en el Calderón el próximo sábado, pero cuando todo acabe, las mías serán las primeras pase lo que pase. Ni un pero.

sábado, 29 de abril de 2017

Presas canarios

Un día en el que entras de rebote a un restaurante que tiene un escudo del Atleti en el centro, no debe terminar mal. Antes del partido tuve la suerte de disfrutar un Informe Robinson cojonudo sobre la Lazio de las pistolas (gracias Jose Antonio). Gran historia la de los bandos de Chinaglia y Martini con el domador Tomasso Maestrelli guiándoles a la gloria. Las aristas del fútbol son infinitas... Esta pieza fue una telonera inmejorable para lo que venía luego. 


Aunque yo estaba listo una hora antes, no vi bien el comienzo del duelo. Entonces oí un ruido como de motor. Sería la trituradora para la fruta del niño?, sería el cochecillo en el que lo paseaba? Qué coño! Era el Atleti, que vacunado de la fiebre amarilla había salido como una moto para acabar con la falta de puntería. Además con gol de Gameiro, que tiene que recuperar sensaciones pero ya. La cosa no terminó ahí, y en menos de veinte minutos los del pusilánime de Setién (que ostia puta jugó en el Atleti) ya iban tres abajo. El segundo fue a balón parado, que nos llegan de estraperlo y con cuentagotas, pero así se aprecian mucho más. Vaya cabezazo de Saúl para darle la razón al vestuario de Las Palmas, que ya lo advertía antes de saltar ("atentos al balón parado!"). El torocampista one more time: lo mismo te da un pase de la muerte que te pone un córner en la escuadra... Luego gran pase de un sorprendente Gaitán y otro but de Kevin, puro cuerpeo en esta ocasión. Ya sabemos que "por desgracia" nuestro otro enfant terrible es de doble o nada.



No deja de tener gracia que en esta semana haya estado buscando viaje por Canarias. Tienen todas sus islas una pinta preciosa, pero si hay una de ellas relacionada con nuestro equipo, ésa es Gran Canaria. No viene mal recordar que nuestro rival es sobrino lejano de nuestro Atleti. Uno de los cinco escudos que orlan la parte inferior de su emblema, es el del Atlético Club. Dicho equipo fue uno de los que se unieron en 1949 para formar al club canarión. Su escudo era muy parecido al nuestro, apenas cambia el oso y el madroño por el perro y la palmera. Eso puede que dé para paja, así que guardémoslo para un posible artículo histórico. Con este 0-3, la segunda parte se presumía plácida y para dosificar. Pero tuvo que llegar la lesión nuestra de cada día. Ostiazo de Prince sobre Giménez y, supongo que fruto de la inesperada caída, el charrúa se vuelve a romper. Se me parte el alma cada vez que veo las reacciones de JoseMari al lesionarse. Una maldición lo de los laterales derechos o sucedáneos, y en el peor momento... La alternativa fue Thomas, y el experimento con gaseosaCoca-Cola salió bien. Joder que sí... El ghanés, totalmente desatado, hizo un tuya mía con Correa y definió a la africana, clavando la cadera. Luego él mismo abrió a la siniestra para que Filipe pusiera un balón de oro a Torres. Gol de El Niño siempre vale doble! Al igual que a Gameiro, le viene de perlas ese tanto al de Fuenla. Gran goleada ante un rival que se había reservado entre semana para esperarnos fresco. Excelente respuesta de principio a fin de los nuestros, que inyectaron adrenalina y cloroformo cuando la situación lo requirió. La testosterona viene de serie.


Y el encuentro fue tan apacible que vamos a tener tiempo para el tontolaba de Jesé, que dice que Griezmann en el Madrid tendría a muchos mejores que él... Éste sabe de eso un rato, porque en Concha Espina, en el PSG e incluso en la UD Las Palmas también hay muchos mejores que él, incluso tirándote a la piscina también, créelo. En la música esa que dicen que hace no sé si es el mejor, pero prefiero no comprobarlo. No obstante, sus compañeros se empeñaron en hacerle el mejor de ellos en el partido, y Antoine dejó para otro día la magia y fue un soldado raso más (pero con más fair play que Jesé como pudimos ser testigos). Por cierto, ¿tiene más pelo que antes el bocazas este o me lo parece a mí? No puede ser casualidad que a otro hijo de Picio como Diego López le ocurra exactamente lo mismo. Un claro caso de Reinjerto en la sociedad que dirían por Sevilla. Hablando de esos lares, sortearon en el curro entradas VIP para el derbi andaluz del lunes. Vamos Málaga! Pero muchas entradas para la misma semana hubieran sido, porque recordemos que la próxima semana tendré viaje relámpago al Calderón. 

Para terminar, decirles que he descubierto un puto temazo, un himno mejor dicho. Fue volviendo a escuchar un CD recopilatorio que hicimos para el viaje a Lisboa mi colega Jose Miguel y yo. Estuvo ahí desde entonces, sin embargo no sé cómo no me percaté hasta ahora. Si lo hubiera escuchado seguro que la historia hubiera cambiado... Se trata de Desesperado, del grupo Mareando la Perdiz. Ahora caigo que en un bastión amigo como cronicasdeltomi había leído el nombre de ese grupo. No hay más sordo que el que no quiere oír, pero por suerte abrí las orejas a tiempo. Sin más preámbulos, les dejo con la joya en cuestión mientras llegan las 20:45 del 2 de mayo. Escucha y aprende Jesé:


miércoles, 26 de abril de 2017

Me duele, no me duele, me duele

Un Calderón espectacular un martes noche. Además sumémosle la excelente iniciativa del fondo sur de mostrar en pancarta los grandes momentos del Atleti en él. Para más inri, víspera del 114 aniversario de nuestro club. Quitarle el balón a un equipo que suele querer ser protagonista con él y no solo eso, sino crearle peligro constante. Acabar cayendo contra todo pronóstico tras ser acreedores del triunfo y haber pensado que el empate era una decepción. Joder jode, pero perder así, cuando se ha hecho lo que se ha podido hasta el final y en este marco incomparable, tiene un sabor distinto. Casualidad que comiera salsa agridulce ese mediodía. Esta jornada 34, cuando menos debería haber acabado aguantando el 1-0 y con el Cholo de speaker a pie de campo. Lástima que hay días que, no importa lo que hagas, las cosas no quieren salir bien. Empecé a notarlo en mis carnes por el decepcionante kebab que me zampé antes del partido. Esto me pasa por comer tanta mierda. Luego fue el Atleti el que seguía con ese mal día fallando varias ocasiones para superar a un contemplativo Villarreal. Giménez chupaba cámara en el lateral, acojonante la polivalencia y los cojones de este chaval. El pundonor de Griezmann defendiendo como el que más tampoco le va a la zaga... Nada nuevo. Y en el partido muchas ocasiones sí, pero ni rastro del gol. Nada nuevo también. Tenemos que tirar con lo que queda estos próximos seis o siete partidos, pero la lectura ya se puede anticipar: falta un rompebragas como dios manda.



Tras la estéril primera parte, en el descanso yo contribuí a certificar el infortunio: no logré quedar al niño dormido aunque estaba reventado. Y así es como fue quedándose el Atleti poco a poco: exangüe. A ello contribuyó Escribá, el entrenador aldeano, uno de los nuestros hasta que no se demuestre lo contrario. Sus cambios cambiaron, vaya si lo hicieron, la fisonomía del partido. El agotamiento tras tanto llevar el cántaro del Atleti, sumado a la mayor movilidad de los que entraron en los amarillos desencadenaron un demoledor ciclo de cinco minutos en el que nos buscaron la espalda por tres veces, y finalmente encontramos añorado gol pero en meta contraria. Por desgracia al bueno de Savic le comen la cena y el desayuno del día siguiente. Ahí nos acordamos de que Gaitán es el antónimo del mano a mano, y sobre todo de que tenemos una alarmante falta de gol, especialmente cuando tenemos que llevar el peso del encuentro. Y ese fue el principal, por no decir único motivo, de que no ganásemos. Por cierto, se nota que se acerca el verano, porque vaya mosca cojonera de árbitro. Lo único bueno fue la tarjeta que le sacó al gilipollas de Soldado mientras calentaba, y que nos libró de verle pasear su nauseabundo rostro más veces.


Y otra cosa: se ha escrito mucho, incluso los jugadores lo han declarado, que hemos tomado nuestra propia medicina. Tanta gente tendrá razón, pero hay una diferencia: el Atleti cuando hace un partido "así" apenas concede oportunidades al rival. Y en éste, pocas alabanzas se hubiera llevado el equipo groguet si hubieran encajado alguna de las ocasiones marradas por los nuestros. Muchas de ellas procedentes de robos, así que no fue para tanto ese dispositivo defensivo sino más bien que, como hemos dicho arriba, tenemos problemas con el gol, nada nuevo bajo el larguero. Eso sí, los cambios del Villarreal surtieron efecto inmediato, en eso no cabe duda que se parecieron a la habitual pericia del Cholo en partidos ajustados. Sabían a lo que venían, su plan salió a la perfección, pero muy mucho por demérito nuestro. No queda más que felicitar al equipo castellonense. Tres partidos van ya en casa sin marcarle a esta gente, así que casualidades pocas. La cerámica es el nuevo granito. Tanto es así que sufrimos una nueva lesión. Carrasco chocó contra Antonio Rukavina (qué nombre más raro) y se jodió el hombro. Una bajona la lesión del belga, nuestro único factor rompedor, (solo falta que se lesione Antoine antes del derbi joder...). No va a haber manera de tener colchón en liga de cara a la tercera plaza... Los palanganas volverán a estar pegados, porque poca fe tengo en el Celta, que seguro que aprovechará su viaje a Sevilla para poco más que preguntarles cómo se gana la Europa League. Confiemos exclusivamente en los nuestros, que sabemos les van este tipo de retos. Y a nosotros también, qué coño! No tiene sentido dejar de creer. Arriba los corazones. 

lunes, 24 de abril de 2017

Anatomía

Mi última temporada futbolera viviendo en pecado me tenía guardada una sorpresa muy especial. Un fragmento de despedida de soltero que se sobrepuso a la rutinilla que tenía prevista, en la que por supuesto estaba ver el difícil partido que teníamos ante el Espanyol. No se acaba el mundo, claro que no. Pero si les digo que la banda la compone mi suegro: mera comparsa; mi futuro cuñado: nini misántropo, y que esta inefable cuadrilla la lidera un torrentiano adicto al calor del amor en un bar, la cosa cambia ¿verdad? El tío de mi novia, que casualidades de la vida es del Atleti, nos enganchó a su conveniencia. ¿Dónde se ha visto que en una despedida pague algo el novio? Menos mal que me caso pronto.


Ese lamentable periplo de 17:30 a 23:00 no me privó de fútbol, ya que vi a nuestros próximos rivales agarrarse con la mano al triunfo contra el Lega. Incluso vi el norteño drama de condenados entre Osasuna y Sporting. Al salir del primer antro había que comer algo, yo estaba tan hasta la polla que ya me conformaba con seguir el partido por Fotmob en el móvil. Entre una interminable conversación con un mendigo y su iracundo perro, las tiradas de tejos del cabronazo ese a la camarera gordita en vez de meterle bulla con las putas pizzas, y la puta manía de la gente de sorber al comer, me refugiaba en mi Atleti mientras sacaba lecciones de en lo que no me quiero convertir. Ya quedaba poco para que el paripé terminara, aunque después de todo estaba siendo tal y como suelen ser las despedidas de soltero: hacer sentir una vergüenza inolvidable al novio. "Vamos a una discoteca que me gusta de puretonas", yonkis en el aparcadero y eso que aún no eran ni las diez... Más contacto con el inframundo, ¿cuántas historias habrá detrás de esa gente? Por si fuera poco, último movimiento de la novatada. Resulta que de propina me recuerdan a mis tiempos de niñato: "aquí con zapatillas no se puede entrar". Solo le faltó decirme si tenía un año más de mi edad para rememorar mejor viejos tiempos, aunque que esta vez casi me alegré del veto. Pero a este tío se le había puesto en los cojones llevarnos a un puticlub, y vaya que nos llevó. ¿Con qué mejor compañía que con tu suegro? Gracias a Neptuno aún no me he visto en necesidad de consumir nada ahí dentro, además de por razones obvias de los acompañantes, no quería mirar al ganado, eso significaría conversación forzada y a mí no me gusta hacer el tiempo a la gente. Bastante me lo estaban haciendo perder a mí... Afortunadamente había una tele, y un partido con un bonito marcador. Me bebí la última cerveza de la noche mientras ganábamos en un campo de esos en los que de ganar se cumplen los grandes objetivos. Vuelta a casa, final feliz.


Si uno vivisecciona el gol, puede pulsar parte de lo que son las armas de este Atleti. Saca de banda multiusos Giménez (y yo que creí que Savic iba a ser el lateral), peina el cacique Godín (el balón parado nunca muere), volea de Saúl (su desparpajo hace que huela a gol siempre) y el oportunismo de Antoine (simplemente nuestro jugador franquicia por mucho que este sea el equipo más equipo de todos). Todo ello con nuestra gente celebrando el gol sea el campo que sea. Varias conclusiones se sacan de esto: 
  • Se llega a la recta final en un gran momento, y la ruta amarilla de la semana entrante es clave para seguir amarrando el bronce. Visto de otra forma, estamos jugando dos Champions, la que viene y la de este, pero la eliminatoria que todos vaticinábamos está aún a años luz. 
  • Ninguna persona del Atleti que conozco me deja indiferente. Muchos me parecen antimadridistas disfrazados, otros me parecen perfectos gilipollas sin más,  otros son personajes para escribirles una enciclopedia y con muchos de ellos me tiraría horas hablando aunque fuera en un puticlub. Somos diferentes en definitiva. Por todos ellos va esta entrada.
  • Y a todo esto alguien dirá, ¿por qué cojones no te fuiste si estabas tan mal, capullo? Porque tengo educación, no quería dejar tirado a mi suegro, y si no a ver de qué escribo yo en el blog que no suene siempre a lo mismo. Quería que pasara el tiempo, iba archivando en la pupila escenarios que uno no suele catar, y solo falló el hecho de no estar en mi salsa. Es como si me pones a ver fútbol de otros equipos como el Madrid-Barsa de anoche. Que sí, que está muy bien, pero me falta algo... Ellos son el tío de mi novia, el Atleti mis colegas a kilómetros. 

miércoles, 19 de abril de 2017

Ambición intacta

Hacía tiempo que no tenía tantas ganas de que llegara un partido. Quizá el buen resultado de la ida, la entidad del rival (distinto al MadriBarsa que nos colaban últimamente en esta ronda) o la inmediatez de estar en semis... Así que cualquier cosa era buena para distraerme. Voy al supermercado a comprar para la cena, mientras preparo la app para el fútbol y leo en la programación 'Better call Saul'. ¿Te imaginas que marca? me dije. Constaté además el once titular, y era el que me pedía el cuerpo. En esas comenzamos tranquilos, todo lo contrario al hervidero que era el estadio. Con decir que me distraje un rato y pensé que habían marcado por el griterío que liaron al celebrar un simple córner... This is England... Pero a la primera que nos tratan de avasallar, paso al frente hasta marcar. No hubo que esperar mucho pues las señales habían sido claras. Gol de Saúl. Lo volvió a hacer el ilicitano con un cabezazo donde más duele a los porteros para matar la eliminatoria. Tras bajar el pistón y llegar al descanso sin apuros y la sensación de tener el billete más que sellado, nada hacía esperar el desarrollo del segundo tiempo. Lo raro sería vivir relajado un partido de cuartos de Champions... Tranquilo yo? Una mierda!

Porque el Leicester hizo honor al lema que les jalonaba al salir al campo y quiso resucitar la ronda. Sin miedo, abrieron el tapete con un tal Chilwell que nos jodió vivos desde la siniestra. Fueron varios blocajes en el área pequeña los que soportaron nuestros defensas, excelsos ayer. El gol de Vardy llegó por aplastamiento y creó un caldo de cultivo que no me gustaba un pelo... Ni el vinho verde que me estaba plimpando a morro se me subía... Las noticias en el parte de guerra eran pésimas además, porque precisamente por la banda del cabronazo del Chilwell ese, que seguro que ya mismo lo ficha el Madrid, se nos había lesionado Juanfrankestein. Y yo que me creí que entraba Lucas porque Godín estaba apercibido... Esto miraba de soslayo a la batalla de Glasgow... Me atormentaba una zozobra atroz porque, seamos francos, la herida hubiera sido más grande si te elimina el Leicester respecto a cualquier coco de la competición. Sabíamos que iba a ser difícil, pero creo que nadie estaba preparado ayer para asimilar una derrota. 

El contorsionismo en el esquema y en los hombres sobre el campo propuesto por el Cholo mitigó en parte la estampida británica. Se sufrió más sobre la mitad del segundo tiempo que en los últimos minutos. El mentón de este equipo está hecho de granito. Mientras, la guarra de Mahrez sacó a pasear la plantilla sobre el protagonista del gol de ayer, aunque el protagonista absoluto fue Don Jose María Giménez de Vargas. Todo lo que te diga es poco. Solo le faltó jugar de lateral... Pero sería una injusticia no mencionar al resto de jabatos, destacando a la defensa, que ganó por goleada al ataque rojiblanco anoche. Excepto varios ramalazos de Griezmann, estuvo muy gris la ofensiva colchonera... Que sí, que no había necesidad, pero se hubiera agradecido algún latigazo más para no haberlo pasado tan mal. La afición desplazada tuvo que disfrutar a pesar del agobio momentáneo, y silenció a ratos al reactivo público inglés, más de jalear en respuesta a acciones que a animar para que ellas se produzcan. Caballeroso rival por cierto, que nos felicitó y nos halagó mucho más de lo que hacen en nuestra tierra. Todo lo que tienen de cafres al sacarles de las islas lo tienen de nobles dentro de ellas. Van 3 de 4 semifinales, un lujo de quedarse ahí la cosa, pero yo soy gilipollas y ya pienso en la final. Me voy a tener que pasar por la farmacia del Sabina a por pastillas para no soñar.