lunes, 12 de diciembre de 2016

Odio moderno al fútbol eterno

Me hubiera gustado no tener que escribir de esto (sobra presentación). Haciéndolo como lo hago por obligación moral, me hubiera gustado poder indagar más en nuestra historia para conocer las causas de los cambios anteriores, procedimientos similares llevados a cabo en otros clubes... me gustaría saber muchas cosas, aunque la mayoría tienen cruda respuesta. No quiero tirarme el rollo retrógrado por la postura de un plantígrado, aunque mucho menos pecar de modernito. Y aquí se vende la piel de ese oso para cazar ¿a quién? Me cuesta creer que un chino o un yankee vaya a fijarse más en nuestro equipo por tener un logo supuestamente más atractivo. En todo caso les llamará la atención que éste sea un club ganador o en su defecto a los jugadores que tenga en su plantilla. He dicho logo en vez de escudo, porque de momento lo considero así, necesito tiempo para asimilarlo. En mi casa raro es que de un barrido con la mirada no encuentre algún escudo del Atleti, así que es difícil encajar esta puñalada sin sangrar un poco. Al trauma de ver cómo cambian algo tan arraigado en la personalidad de uno (tras la familia no se me ocurre nada que me identifique más), hay que añadirle la estupefacción de conocerlo por terceros y sin esperarlo. Ya hacía tiempo que tenía claro que el Atlético de Madrid es una empresa, solo el sentimiento de la gente le hace club, pero no era necesario recordarlo de esta manera tan abrupta. Ni siquiera hubiera visto necesario un referéndum, me hubiera conformado con un anuncio previo, para ir preparando el cuerpo. El tiempo precisamente fue el factor que ha endulzado el traslado al nuevo estadio. Sin verlo necesario, con el tiempo me comenzó a picar la curiosidad, y aunque no me quiero imaginar el día que desaparezca el Calderón, actualmente no me parece descabellado, y comparto recelo y expectación a partes iguales. ¿Se llenará tanto como el actual? ¿Será un infierno por los atascos que se monten? ¿Rugirá como el Manzanares? El nombre al menos no me parece mal, aunque Wanda suena ridículo no deja de tener cierto sentido siendo los chinos parte del accionariado. Lo de añadir Metropolitano a la denominación ha enjuagado ese horrendo prefijo, que ya es mucho hacer para lo que estábamos acostumbrados.

Pero ese alarde de genialidad quizá se haya ido de las manos, y el nuevo emblema ya sea demasiado, máxime en un país donde ese procedimiento no es tan habitual. En los ochenta en Italia y muy a menudo en Inglaterra se hace, pero no por ello deja de ser tan difícil de aceptar como la pérdida de un ser querido. Además a mí me la suda que en otros sitios se haga. Yo de momento veo esa fusión de la copa del árbol con la zona azul y visualizo el hongo de la bomba de Hiroshima, pero a ver si con el cambiar de lado el oso le arrebatamos la flor en el culo a los vecinos. En cualquier caso quiero creer, sin ánimo de hacer referencia a ese hashtag fruto del calor de las finales, sino porque no me queda otra como atlético de toda la vida. A estas alturas ya estoy enganchao... Ojalá le llegue a coger cariño, aunque mi escudo siempre será el de la infancia, pero quién sabe si mi hijo lucirá el nuevo algún día con orgullo. Por último, el hecho de mostrar un vídeo explicativo en el que aparece Gárate hablando bien del nuevo símbolo deja cierto poso de tranquilidad (me niego a creer que este hombre se venda por nada). De todas formas, cuando uno busca atenuantes a esta maniobra con tanto ahínco como yo juntando estas letras, es porque algo chirría, y hacen falta días que lubriquen. Englobando escudo y estadio como un nuevo punto de inflexión en la historia del Atleti, el tiempo dirá si ésta fue una decisión nefasta, fructífera o simplemente innecesaria. Al que más y al que menos la cabeza le va a estallar, y mientras solo hay una cosa clara y limpia más allá de tricotomías cromáticas, el sentimiento del aficionado es el cuarto y al parecer es invisible.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Sin Alcohol

Siempre que pienso en el escudo del Bayern, se me viene a la cabeza la bandera de Baviera y sus rombos azules y blancos. Cerveza por ende, aunque no sea octubre. El partido de anoche, si bien intrascendente, podía entenderse como una fiesta en la que nada había que perder y mucho para disfrutar. Al final los invitados se fueron antes de tiempo (algunos ni se presentaron) y el resultado fue un quiero y no puedo algo descorazonador, pero por suerte totalmente intrascendente. Quizá ahí esté el quid de la cuestión. Más allá del bache anímico y futbolístico, el de ayer no era un partido con algo en juego. Que sí, que dinero y prestigio, pero estaba todo el pescado vendido para unos y para otros, y lo que más podía primar era el deseo de venganza del Bayern por el pasado reciente ante los nuestros.


Entre un inicio esperanzador y un final digno, el Atleti sucumbió en un valle de juego demasiado largo del que salió prácticamente indemne, solo un gran remate de falta de Lewandowski tocó el marcador. El bueno de Oblak está dubitativo por querer ver su palo y eso le condena (prefiero eso a que se la coma por el suyo). Un Robben más preocupado del árbitro que del gol y el tobillo de Thiago impidieron horadar la brecha. Más allá de la derrota, o mejor dicho, de cómo se produjo, por mi bienestar no le quiero dar importancia, ya que en última instancia es consecuencia del pleno previo de victorias en las cinco jornadas anteriores. Mejor quedarnos con el gran partido de Lucas y los buenos minutos de Thomas y con que Godín no se lesionó. Ellos tampoco se jugaban nada, pero si el Bayern, para mi el principal candidato a esta Champions (el perfecto tapado + la flor del Ancelotti), solo nos mete uno en su campo jugando así de inconexos, hace pensar que otro día si nos podremos tomar una buena cerveza para celebrar una nueva noche mágica en Europa. El lunes será un gran día por partida doble: el sorteo que decidirá nuestro rival, y por el vital choque ante el Villarreal. A pasar página y a enfriar la (inserte-aquí-su-cerveza-favorita) por lo que pueda pasar.

lunes, 5 de diciembre de 2016

El Miedo

Como un glaucoma mental que poco a poco va cerrando mi perspectiva; una zozobra perenne que se hace notar en cuanto bajo la guardia; un sentimiento de incompletitud por muy a gusto que esté uno en ese momento: esa puta sensación es la que tengo desde tiempos inmemoriales cada vez que pincha el Atleti. Porque hasta en tiempos de Ferrando, empatar en casa contra el Espanyol es perder puntos. Entonces, cuando esta mierda ocurre, que por suerte no suele ser muy a menudo, me paso por el forro el partido a partido, y ya empiezo a vislumbrar el calendario que queda, incluso los rivales de nuestros rivales. Este comportamiento, por mucho que también conlleve ciertas dosis de mala hostia, es en realidad uno de los instintos más primarios del ser humano: el miedo. Miedo de dejar de ser un equipo nuevamente respetado y temido, de no tener noches mágicas europeas, en resumidas cuentas, perder lo que estos años simeonianos hemos tenido de vuelta. Sin duda a estas alturas del año esto puede parecer ridículo, pero que no se nos olvide cuando un séptimo puesto para entrar por Europa por la gatera era lo más. El mío no es el miedo del futbolista gay a que se enteren que es maricón; el mío es más parecido al del rico que al dormir teme le desvalijen la casa, o del marido feo que le pone un detective a la despampanante esposa. Supongo que por suerte o por desgracia, lo de que no echas de menos algo hasta que lo pierdes conmigo no va. Al menos ese pavor interno compite con las ganas de seguir disfrutando a este Atleti de objetivos colosales, que se enfrenta a su mayor duda de fe desde que Diego Pablo se hizo cargo de la nave. Un par de años antes, Quique, al que le tenemos mucho que agradecer (me encantó el homenaje del Frente), dijo en un alarde de ego que pasarían muchos años hasta que se repitieran éxitos en el Calderón. No pudo decir algo más desafortunado. El Cholo ha conseguido durante su estancia en el Manzanares potenciar un grupo entorno a un estilo para traernos a cambio la época de nuestras vidas y, por si fuera poco, manteniéndola para adaptarse al cambio. Porque rápido te calan y hay que reinventarse y evitar el acomodamiento, que como todo en la vida acaba apareciendo. Esa ansiada frescura no se traduce en forma de goles donde antaño se sacaban partidos en el alambre con más empuje que el rival. Hay que tener confianza en quienes nos han dado todo y si no sale una o cien veces, a mí me vale con que se dejen la piel hasta que salga, que saldrá.


El que no sé si saldrá del Atleti es mi hijo, al que alguien que no fui yo le puso una ropa que le queda incluso mejor que a Koke. Yo también estoy eternamente agradecido pero como salgas del madrid te desheredo.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Misión de pacificación

Las dos victorias de la semana pasada, además de para parar la hemorragia de puntos en liga, han servido para ver florecer innumerables artículos que cacarean que vuelve el Atleti como si de un viejo grupo de rock se tratase. Como si el Cholo y el Mono aplicaran una copia de seguridad datada en mayo de 2014 al actual andamiaje. Pero, en mi humilde opinión, la partitura sigue siendo la misma, otra cosa es quién la interpreta. El factor Tiago, y con esto no estoy descubriendo la pólvora, es lo único que ha generado tal nostalgia mediática y supuesta vuelta a lo vintage. El astrolabio que es el portugués en el medio nos hace más robustos, y aunque probablemente no volverá nunca al ionosférico nivel de comienzos de la pasada campaña, el de Viana do Castelo se postula como pieza de máxima utilidad una temporada más. La lesión de tibia que sufrió, ironías de la vida, hace ahora un año, sumada a su longevidad (35), hizo que el que más y el que menos dudara de si el luso iba a ser vértebra de nuestro once. A día de hoy parece que si se cuida a nuestro lobo de mar, éste podrá dirigir la carabela rojiblanca a prósperas expediciones. 

Eso sí, tampoco es tema menor el presumible relevo de Rambo Savic por Giménez. El montenegrino ha tenido varios traspiés, nunca mejor dicho, que han emborronado su excelente colocación y contundencia. No me parecería justo tomarle como chivo expiatorio pero veo bien un cambio de aires en la zaga. Ahora solo falta que el pupilo de Godín deje de cometer esos frustrantes penaltys. Te quiero uruguayo, pero no siempre va a haber un Oblak que te los pare (ya van tres este 2016)... Porque entrando ya en el partido, esa jugada fue el auténtico punto de inflexión. Ni vuelta a los orígenes ni ostias. Si el Osasuna (nunca entenderé por qué algunos no le ponen el artículo delante) mete ese penal, probablemente estaríamos preguntándonos de nuevo qué le pasa al Atleti. El cinismo y la grandeza del fútbol resumida en un lance.  

Arriba dije que nada había cambiado más que la vuelta de Tiago, pero mentí. Por fin, de una santa y puta vez se mete un gol de córner. El faraón Godín, a falta de que se centren sus acompañantes en el centro, tiró del carro para adelantarnos. Un zarpazo consecutivo de Gameiro, que a mí me encanta por muchos haters que tenga, y misión cumplida. El resto fue un discurso de Fidel Castro pero de solo 53 minutos. Y aún me dejo dos cosas más: 
1ª) Me encanta el hambre que muestran entre otros Griezmann y Carrasco. El día del PSV el francés se recorrió medio campo hacia atrás para evitar un gol holandés, y en Navarra el belga robó un balón de tío porculero para clavar el 0:3. 
2ª) Es vomitivo que no se pitara la mano con desplazamiento en el área osasunista. Quiero creer que desde su posición el árbitro no veía, pero si no ve eso, ¿qué cojones ve?

Pero al final hubo final feliz, y al caparrosismo aún le queda mili en Pamplona. El sacrilegio de destituir a las primeras de cambio al entrenador que te asciende es un clásico en primera división, y me temo que a los rojillos no les va a salir a cuenta. Aunque por momentos inquietaron, poco queda de ese equipo 100% norteño que en tantos aprietos nos ponía. Con el Cholo cuatro de cinco triunfos en El Sadar, que por cierto recibe ese nombre por un riachuelo homónimo que pasa por allí. Agur.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Como si fuera la última vez

Allá por enero de este 2016, tras el infame empate a cero ante el Sevilla, mientras salía del Calderón me preguntaba si sería la última vez que lo pisaría. La idea no era tan nostálgica, porque aun sabiendo que quedaba poco, no sabía cuándo se iba a dejar de jugar en él. El destino me volvió a brindar una oportunidad más de disfrutarlo. Para alguien que vive al sur de Despeñaperros no es fácil haber ido ni siquiera una vez al templo de su equipo si este está a 500 km. Por lo tanto, guardo muy bien en la memoria mis visitas a mi otra casa, la que tanto he visto por la tele pero que tan pocas para lo atlético que soy he sentido in situ.


Quiso además el azaroso devenir que el partido fuera contra el Málaga, el equipo de mi provincia. Lo que conllevaba aguantar antes de ir el típico "¿Querrás que gane el Málaga no?" Pues no, llámenme como quieran pero yo soy del Atleti, y además sin ser malacitano me he gastado más dinero y quiero más al Málaga que probablemente todos los que sin ánimo de ofender me hacían ese tipo de comentarios. Es lo que tiene este tipo de desplazamientos: el rival no se elige, sino que lo decide el calendario laboral y que el Atlético juegue en Madrid o no. Esta vez hubo suerte, y nuestra visita capitalina a ver a unos amigos coincidía con un partido de liga. Impagable la sensación cuando uno va en metro hacia el estadio y ve cómo se monta la gente con los colores del Atleti. Algo que solo los colchoneros de fuera de Madrid entenderán. Como en la penúltima ocasión, el señor Giusti estaría a mi lado para psicoanalizarme en lo que sería una montaña rusa de partido, del que poco habrá ya que no se haya contado: he escrito esto a la vuelta del puente.



He ido lo suficiente al Calderón como para percatarme de que por suerte o por desgracia son cada vez más numerosos los turistas. No es casualidad que a mi izquierda hubiera un grupo de digamos... polacos y justo delante hubiera por unos minutos una pareja de fornidos escandinavos más perdidos que yo en una peña madridista. Eso sin contar al coro de grouppies unisex de Griezmann, con banderas de Francia y la cara pintada (al menos llevaban la camiseta del Atleti). En esas, un peruano de apellido italiano y yo con mi acento cuasi-malagueño éramos la fauna más convencional de la zona. Es lo que tiene que el Atleti sea más mediático e internacional. Como eso quiere decir que los resultados van bien, pues que siga así y la próxima me encuentre a un camboyano en el asiento de atrás.



¿El resto de la experiencia? Pues como otras veces: alguna foto, disfrutar los cánticos que uno en la tele apenas oye, y aguantar al típico que con suficiencia y como si viera a un mono del zoo cree que puede acertar el acento exacto de uno en cuanto abre la boca (¿Tú qué cojones vas a saber de qué parte de Andalucía soy por una frase que me hayas oído?) Aún nunca ha ganado nadie: El juego de las ocho provincias lo llamo yo. Y del encuentro está todo hablado ya, solo añadiré que en la segunda parte, los nuestros, aparte de lidiar con uno menos y con un Málaga que ni se creía su efectividad, también lo hizo con mi pesimismo, que veía un empate postrero en mi sexto y último partido en la caldera. Por el buen hacer del equipo, el sol que nos jodió en la grada de lateral hasta el minuto cinco fue más rival que los boquerones, y afortunadamente ahí estaba el Bachiller Carrasco para calmarme y conducirme a un catártico clímax.



Y se acabó, salí del campo constatando mi ronquera, como debe ser, y tocando la bocana de salida en plan "This is Anfield". Con el embotamiento de haber vivido tantas cosas en directo ni siquiera dirigí una última mirada de despedida. Como tantas cosas en la vida, uno idealiza el futuro y lo vanaliza llegado el presente. Pero eso sí, como dice la canción: 
"Más allá de la curiosidad, surgió siguió un amor, la primera última vez, que yo entré en el Calderón..."

lunes, 17 de octubre de 2016

Desde Rusia con balón

Como viene siendo tradición, nos toca un debutante en la fase de grupos: el FC Rostov. ¿Qué mejor excusa para averiguar algo sobre este equipo que tener que enfrentarnos a él próximamente? Con suerte, sabremos algo más del mismo que mejore perogrulladas como "un viaje a Rusia con frío es muy duro" o "ellos en su liga están en plena competición y más en forma". Así, desde nuestro ciber-sóviet, nos pusimos ipso facto manos a la obra para ver qué se esconde detrás del gorro cosaco de nuestros camaradas y de paso, recordar nuestros enfrentamientos ante equipos allende el telón de acero.


El FC Rostov es el club representativo de la ciudad de Rostov-on-Don (no confundan con Rostov a secas). Esta urbe está en el sureste de ese inmenso país que es Rusia, cerca del Cáucaso. Tiene un millón largo de habitantes y recibe ese nombre porque en ella desemboca el río Don. En los últimos dos años ha tenido la suerte de ser sede de uno de los equipos (junto a Zenit y Rubin Kazan) que comienzan a disputar desde hace años el histórico dominio de los clubes moscovitas en la Liga Premier rusa, que por cierto desde hace cinco años se juega en calendario "europeo". Fue fundado en 1930 como Selmashtroy, sufrió varios renombramientos, uno de ellos fue Rostselmash, el cual dio origen al apodo de este equipo: Selmashi. Según me aclararon en el canal de youtube del equipo, esa palabra es la mezcla de otras dos: selskiy (pueblo)  y mashinostroitelny (ingeniería). Es decir, "la maquinaria del pueblo". Un tanto decepcionante sí, pero ya que me enteré si no lo digo reviento.
Si bien en gran parte de su historia el Rostov estuvo fuera de la primera categoría del fútbol soviético, el club es un clásico de la Liga Premier de Rusia (fundada en 1992), donde solo ha descendido en dos ocasiones para volver al año siguiente. 

Estadio Olimp - 2

Su primer título, dirigidos por el montenegrino Miodrag Božović, fue la Copa de Rusia 2013/14, derrotando en la final por penaltys tras 0-0 al Krasnodar. Poco después tomó las riendas del equipo el entrenador turkmeno Gurban Berdiýew. Un señor peculiar que nunca se separa de su tasbih, una especie de rosario musulmán. Este técnico ya hizo historia con el Rubin Kazan ganando la liga dos años seguidos. Además, nos eliminó en la Europa League 2012/13 (ida y vuelta) y sorprendió al Barsa de Guardiola en el Nou Camp (golazo inside). En su periplo en Rostov, Berdiýew llevó al club de estar cerca del descenso a la mejor posición en liga de su historia, siendo medalla de plata la temporada pasada. Sí, ¿qué pasa? en Rusia se otorgan preseas hasta al tercer clasificado a final de temporada, le gusta mucho a los amigos del vodka conseguir medallas como sea. Por desgracia, renunció a su cargo al comienzo de la temporada, tras haber lidiado desde el comienzo con la calamitosa situación económica e institucional del club...



En estas, accedieron a la máxima competición continental por vez primera apeando en las previas al Anderlecht y al (quién te ha visto y quién te ve) Ajax, con tweet jocoso contra su portero Cillessen, que antes de irse al Barca recibió cuatro en el Olimp - 2, estadio de nuestros amigos y futuros rivales. Tras la controvertida dimisión de Berdiýew, que se produjo tras eliminar a los belgas, se nombróa Andrei Kirichenko técnico interino. Durante esa eliminatoria ante los de Amsterdam, se dice que se vio a Gurban en la grada con casaca del Rostov. ¿No había dimitido? ¿Tanto quería al equipo? Comenzaron los rumores hasta que un par de semanas después se produjo el retorno de Berdiýew ¡Como director técnico/vicepresidente! (el traductor de google es mi amigo en estos casos). Tras esta montaña rusa de decisiones, el entrenador será un hombre de la cuadrilla de Gurban: el moldavo/austriaco Ivan Daniliants. Mientras, nuestro hombre se encargará de reestructurar desde las categorías inferiores hasta el primer equipo todos los detalles para que el éxito del club auriazul no sea flor de un día. Quizá detrás de esa predisposición a continuar esté el hecho de que Berdiýew ya jugó en Rostov en su época como jugador. Doble curiosidad además, ya que jugó una temporada en el SKA Rostov, y otra en el Rostselmash, que como hemos dicho, fue uno de los múltiples nombres que tomó este club durante su historia. ¿SKA? Qué cercano a CSKA... Cuántas veces nos hemos topado con estas siglas en clubes del este de Europa... Pues fin de la duda, todos ellos eran originariamente equipos del ejército o con connataciones militares. Ya que estamos, Spartak suele hacer referencia al pueblo, y Dinamo a la policía. Por supuesto, otros apelativos como Torpedo o Lokomotiv van referidos a otros gremios de trabajadores (automóvil y ferrocarril respectivamente). ¿Se imaginan a un trabajador de la Lada que fuera fan del CSKA?

FC Rostov campeón Copa Rusia 2014

Respecto a la plantilla, también tiene el sello personal del turkmeno, al cual siguen varios jugadores de su periodo en el Rubin Kazan (el ecuatoriano Noboa, el español César Navas o el joven iraní Azmoun). Supuestamente, porque no tengo ni tiempo ni ganas de verles jugar hasta que no sea cara a a cara, son un equipo correoso y fuerte en defensa.
Y ya repasado nuestro rival, ¿cómo le ha ido al Atleti contra los equipos ex-soviéticos? En los últimos años encaramos en Champions al Zenit (victoria en casa y empate fuera) y al kazajo Astana (idem) en Champions. En la Europa League 2007/08 empatamos a partido único contra el Lokomotiv en un partido loko con golazo del ex-yerno de Maradona, y hace menos al Rubin Kazan de Berdiýew, que nos infligió una dolorosa eliminación en una competición de la que éramos vigentes campeones. Si vamos retrocediendo en el tiempo, un apoteósico Dinamo de Kiev nos tocó la cara en la final de Recopa de 1986 en Lyon (tengo pendiente ver el partido entero) y en la temporada 72/73 el Spartak de Moscú nos echó de esta misma competición por el valor doble de los goles fuera. Además, con mi jodida memoria selectiva, recuerdo un amistoso entre dos campeones que ese año fueron unos outsiders en toda regla, no sé cómo cojones, pero me acuerdo de ese partido y del resultado: Alania Vladikavkaz 1, Atlético 0:


Y aquí acabamos... Hemos aprovechado para picotear por el mapa futbolístico de la URSS sin que se entere la KGB, pero no olvidemos quién es el rival en esta ocasión. El FC Rostov nos espera entre caracteres cirílicos bajo la atenta mirada de Berdiýew.

lunes, 3 de octubre de 2016

Donde la suerte pierde su nombre

El partido se antojaba difícil, ninguna visita del Atlético de Madrid a Valencia es fácil. Mas pocos contábamos con un protagonista tan marcado como el guardameta valencianista. La rara avis de Diego Alves, porque es raro ser brasileño y elegir ser portero, y además bueno, nos tenía reservadas dos atajadas que nos dieron ganas de arrancarnos el pelo. Su arte para intuir y dar el pasito adelante en el momento justo ya era conocida, pero el carioca se empeñó en duplicarla contra los nuestros. Pase que el Barsa se haya decantado por Cillessen en lugar de él (aunque no lo entiendo), pero no sé cómo coño este tío no ha jugado más que un par de amistosos con Brasil en su carrera...


Volviendo a esa pesadilla que fueron ayer los penaltys, parece que de un tiempo a esta parte queramos eliminar de nuestro bagaje goleador toda jugada a balón parado, que otrora daba puntos a porrillo. De haberse perdido puntos en Valencia con las oportunidades desperdiciadas, el parón de selecciones sería aún más largo. ¿A quién no se le vino a la cabeza el fallo del ayer en el banquillo rival Siqueira hace un par de años en ese mismo escenario? Cada penalty presagiaba un punto de inflexión que nos conduciría a un empate postrero y merecido por manirrotos. No obstante, el trabajo en equipo y la fortaleza mental y física del equipo fueron suficientes. La mental para sobreponernos al primer penalty, Griezmann el primero, abriendo él mismo el marcador en la segunda parte. Luego se repitió la historia con Gabi, pero no dejamos que el Valencia nos encerrara y buscamos la contra afiladamente. Difícil tarea la que tenían los levantinos contra este bloque que es a día de hoy nuestro equipo. No hay más que ver las lesiones y fundimiento de varios de los rivales en la matinal de ayer domingo: y ahí entra el componente físico. Estos están como toros y lo mismo les da un Dépor, un Bayern o un envalentonado Valencia. Nada es por suerte, cuanto más se entrena y más se lucha por el objetivo más probable es sacar tajada, aunque antes del fin de la jornada nadie contaba con el premio tan goloso como el del liderato. Una puta gozada el fin y los medios. Por mucho que yo confíe en él, este equipo se supera para sorprenderme. Y aún es pronto para nada, pero para terminar rescato una reflexión que hice hace el año que ganamos la liga: 
Da igual que ganemos bien, mal, tampoco importa el rival, las finales o los títulos ganados. Se espera casi por decreto que este Atleti caiga, se desprecian sus resultados y para el fútbol de a pie no es más que un grupo voluntarioso que defiende bien. Mientras así sea, podemos dar otro gran golpe.


miércoles, 14 de septiembre de 2016

El Atleti esquiva un silbato perdido

Triunfo vital en un estadio en el que nadie ganó la temporada pasada en esta competición (incluido el Atleti). El equipo salió a por el gol y no dosificó tanto como en otras ocasiones. Menos mal que fue así, porque se notaba que ellos nos tenían ganas y si el árbitro (que anoche el pobre fue un chimpancé con revólver) no les hubiera anulado un gol a todas luces legal, quién sabe qué hubiera ocurrido. Vi la jugada a posteriori (mejor no les cuento lo que estaba haciendo), y ese tipo de saltos donde el jugador defensor se desploma no deberían pitarse con tanta sensibilidad, que esto es fútbol joder. Además en este caso ni siquiera se cae Filipe... Estoy seguro que arbitrar es sumamente difícil, aunque hay cosas incomprensibles. Pero tranquilos, que luego pitó un penalty de risa floja que Oblak detuvo en un diorama conmemorativo en el que Guardado hizo de Thomas Müller y Eindhoven de Münich. Giménez volvió a ser el autor (in)material del mismo. Hubo más errores, y en esa ensalada de malas decisiones arbitrales del primo de Mister Bean (Martin Atkinson), el Atleti por fin rompió el cerocero de los tres partidos que llevamos este año contra los holandeses. Saúl-San dio una patada de kárate para descerrajar un tirazo imposible a la derecha de Zoet. Durante todo el partido, los nuestros fueron un dechado de entrega y omnipresencia, aunque una interpretación del contraataque un tanto chata no fue suficiente para silenciar a un rival correosísimo, que peleó hasta el final agarrado a los testarazos de Luuk De Jong (no confundan con Nigel). Este PSV es tan incómodo como piel púbica un día después de un depilado a cuchilla, un trocito de carne que se amotina entre dos molares o los chistes sobre las Copas de Europa del Atleti... y toda la culpa la tiene la nariz respingona de Cocu, su técnico. Es un gran equipo sin puntería: yo creo que en el Phillips Stadion no gana el Bayern que, ahí es nada, precisamente es nuestro próximo rival. El único lunar, la nueva lesión del capitão Tiago, que hasta ahora estaba siendo un suplente de lujo. Tot ziens!

miércoles, 31 de agosto de 2016

Con ánimo de involucro

La pasada temporada fue maravillosamente dura. No sé si me involucré demasiado o tan solo cumplí con mi deber rojiblanco, pero me dejó desgastado física y mentalmente. El brutal desenlace, independientemente del resultado, me hizo plantearme un año sabático, una especie de Ramadán futbolístico. Tuve un profesor de inglés forofo de 'Las Urracas' que decía que tras las fiestas de fin de año se tiraba el mes de enero sin grasas y solo bebiendo agua, así que yo, que rompí a llorar al eliminar al Barsa y con el penalty de Juanfran, no merecía menos para no acabar engullido por el oso del escudo del Atleti. Quizá detrás de este desgaste y la consecuente decisión estaba el niño, no el 'niño Torres', sino el mío mío, el que me hizo seguir por la radio en urgencias la vuelta contra el Bayern, al que desperté con el gol de Carrasco en Milán, al que digo con la boca pequeña que dejaré que sea laico en lugar de inculcarle el credo colchonero, y que quién sabe si vivirá las experiencias que solo nuestro equipo sabe brindarnos o será más cuerdo y eligirá un estilo de vida sin esta droga dura.
En esas, tras la decisión, vi la Eurocopa para disfrutar, seguí la insulsa pretemporada como lo que es desde hace tiempo (una gira para hacer caja y balas de fogueo), el Comunio me hizo estar atento al mercado de fichajes, pero nada preocupante ni que me alejase de mi propósito. Viví las olimpiadas como nunca pero marginando la disciplina del fútbol. Comenzó la liga, y apenas vi los últimos veinte minutos del Alavés hasta el penalty de Gameiro, donde muy chulo yo, apagué el móvil. Juro que me dolió más que la Champions ese puto empate. La cosa no funcionaba, me estaba involucrando, ¿en qué coño habíamos quedado joder? El insípido empate en Butarque, del que solo vi quince minutos (más por cansancio que por cumplir mi promesa), fue la gota que colmó este vaso de impaciencia. Seguí el sorteo de la Copa de Europa como un niño (post del FC Rostov en camino), y entonces me di cuenta de lo que me temía: no puedo controlar esta mierda. Si siempre he huido de ponerme mis camisetas cuando se ganaba y me encanta ponérmelas tras la derrota, si me hirvió la sangre al leer y escuchar más de una vez que volvía el Atleti de siempre tras estos dos traspiés, si no me entrometo por corte en una conversación sobre la solución de Gaitán a todos los males del Atleti en medio de un gimnasio de Torre del Mar (por muy anómalo que este escenario parezca).

No sé si es un hecho que el Atleti del Cholo ha perdido momentáneamente el mojo, el duende o como quieran llamarlo. Lo cierto es que hay muchos teclados para criticar, a veces con criterio, pero la tecla exacta solo la tiene Simeone, que espero sepa meter las variantes que hagan que aunque los rivales sigan sabiendo cómo y a qué juega el Atleti, no sepan frenarle. No quiero ni mirar de reojo a las vacas flacas, ni a la famosa marmota de los manzanos, bianchis y ferrandos. Queda un ilusionante curso por delante y yo siento que pongo de mi parte si me alegro, sufro y vivo hasta el paroxismo la vida de este equipo. Entonces, esta semana vuelta a esbozar el calendario de partidos en la esquina de la libreta del trabajo, y sin querer queriendo vuelvo a estar colgado al mascarón de proa de mi Atleti. Como dijeron en la infravalorada el Padrino III: 'Creía que estaba fuera, y me vuelven a meter dentro'. Aunque en realidad, eso de que me aparté a un lado no me lo creo ni yo, como el gol del Alavés.


martes, 23 de febrero de 2016

Meneer Frits y el PSV

15 de enero de 1911, un crío de cinco años, protagoniza el saque de honor del primer partido del Philips Elftal (Equipo de la Philips en neerlandés) y embrión del club al que homenajeamos hoy, en víspera de un choque de la máxima competición continental: el PSV Eindhoven. Pero en esta ocasión, más que un equipo, que por cierto comparte el ser originario de una fábrica con nuestros amigos del Bayer Leverkusen, nos centraremos en un icónico personaje que es precisamente ese niño, que estaba en el primer partido del equipo de su vida. Señoras y señores, con todos ustedes, el PSV Eindhoven y Frederik Philips como hilo conductor de la historia (nunca mejor dicho dado a lo que se dedica la empresa holandesa).

Frederik Jacques Philips (Frits), era sobrino del fundador del gigante electrónico holandés. La empresa y su crecimiento desde comienzos del siglo pasado fue paralelo al de la sureña ciudad de Eindhoven, estrechamente relacionada con la misma. Hace un rato hemos hablado de un partido inaugural del equipo de la fábrica, pero como suele pasar en muchas ocasiones, la fundación como tal del Philips Sport Vereniging se produjo dos años después, tras unos actos conmemorativos del centenario de la independencia de los Países Bajos. Hasta quince años más tarde no se permitió formar parte del equipo a jugadores que no fueran trabajadores de la empresa. No obstante, eso no limitó la capacidad de este laureado club, que en los años veinte ya jugaba en primera división de la Liga de Fútbol de los Países Bajos. Se proclamaron campeones en 1929, y fueron creciendo como club hasta llegar a participar en la primera edición de la Copa de Europa. Además, desde que la Eredivisie nació en 1957, es uno de los cuatro que nunca han descendido de categoría.

El mismo año que el PSV ganaba su primera liga, Frits Philips recibía su grado en ingeniería. Poco a poco fue asumiendo responsabilidades en la empresa, y la II Guerra Mundial marcó un punto de inflexión. Su padre y su tío tuvieron que huir a Estados Unidos. El señor Philips tuvo que quedarse al mando. Durante este periodo, en el que la factoría fue secuestrada por los invasores, trató de salvar al máximo número de judíos que podía, retrasando su deportación argumentando que eran mano de obra indispensable para mantener la productividad de la fábrica, lo cual interesaba a los militares alemanes. Por ello fue condecorado por la institución Yad Vashem "por arriesgar su vida para salvar judíos durante el Holocausto". Fue hecho prisionero cinco meses por los nazis durante una huelga, y la amenaza con su ejecución fue el motivo de que ésta cesara. De 496, sobrevivieron 382. ¿Cualquier persona en su lugar hubiera hecho lo mismo? No lo sé, pero lo cierto es que según todas las fuentes fue un hombre precursor en el buen trato al trabajador, quizá debido a que desde joven formó parte del Oxford Group, un colectivo que abogaba por poner fin al egoísmo en la tierra y blablabla. Sería de campo de concentración hacer este artículo aún más soporífero. Sigamos con el fútbol para tratar de remediarlo...

Tras un ganar su cuarta liga a mediados de los sesenta, un bache institucional finalizó abruptamente con la nueva década. Y a partir de los setenta fue cuando realmente el PSV se convirtió en un equipo puntero en Holanda y un clásico de las competiciones europeas. Desde entonces siempre han jugado alguna de ellas cada año. Además, en 1977 ganaron su primer título continental: la UEFA, eliminando en semis al Barça y en la final al Bastia por un contundente global de 3:0. Pero lo mejor estaba por llegar, y de la mano de Guus Hiddink, once años después, fueron el tercer equipo europeo en lograr el triplete. Arrasaron en liga, ganaron la copa al Roda, y en la final de la Copa de Europa honraron la maldición de Bela Guttman derrotando al Benfica en la tanda de penaltis tras no abrirse el escoro en todo el partido. De hecho, fueron uno de los campeones más pírricos, no ganando un solo partido desde cuartos, pero que se lo digan a la Quinta del Buitre... Van Breukelen se erigió en héroe tras parar el único penal fallido de la tanda. Otros nombres destacables eran el capitán belga Eric Gerets, el danés Heintze o un joven Ronald Koeman. No todo iban a ser florituras y jogo bonito. Sin embargo, en los noventa, el PSV se convirtió en escaparate europeo de dos de los más magníficos goleadores de la historia: Romario y Ronaldo comenzaron su andadura al otro lado del charco en Eindhoven. Ya que estamos hablando de individualidades, otros nombres destacados en la historia de los boeren (granjeros), son hombres como Ruud Van Nistelrooy, Arjen Robben, Philip Cocu (su actual técnico), Willy van der Kuijlen (más partidos y goles), Willy van de Kerkhof (bi-subcampeón del mundo) o Coen Dillen, que ostenta el récord de goles en una sola temporada de Eredivisie con 43. Además, el que más y el que menos se acordará del inestable Mateja Kezman y su nebuloso paso por el Manzanares.

Y ya que indefectiblemente hemos mencionado nuestra casa ¿qué hay de enfrentamientos entre estos dos equipos rojiblancos? Pues no hay que remontarse mucho, solo unos ocho años, para mencionar el doble enfrentamiento que vivieron en la fase de grupos del retorno a la Champions del Atleti tras más de una década de sequía. Los resultados fueron inmejorables. El primer partido, en el Philips Stadion, fue un repaso del Atleti de Aguirre, con doblete del Kun y gol de Maniche. Recuerdo que me perdí ese partido porque tenía un examen de Teoría de Autómatas y Lenguajes Formales pero nada más montarme en el coche, Paco González avisaba de que el Atleti iba ganando, y así toda la hora de camino. Otra victoria, pero en un escenario absolutamente peculiar, se vivió en el segundo partido. Ganamos 2-1 en un Calderón vacío porque el gilipollas corrupto de Platini lo cerró tras disturbios con los putos ultras del Olympique de Marsella. Eso no fue excusa, y en una lección de fidelidad, más de mil colchoneros animaban al equipo desde el exterior. Como se oía en la radio... se me ponen los pelos de punta.

Más atrás, haciendo alarde de mi absurda memoria para todo lo relacionado con el fútbol, recuerdo un Teresa Herrera (tenía 10 años) en que nos enfrentamos a ellos (2-2). Cuántos partidos he visto en el Bar Onix... ¿Tú te acuerdas Amador? Disfruten viendo a Vieri, Cocu y cía en este enlace. Por si esto fuera poco, los Rood-Witten nos ganaron el Villa de Madrid del 84. Se jugó a tres bandas entre nosotros, ellos y el Sporting de Portugal. Nunca entenderé por qué defenestraron este precioso trofeo, que no se disputa desde 2003. En esta ocasión ya me han hecho el trabajo. Resumiendo, en un partido con gresca al final, y que acabó en empate a un gol, los holandeses se llevaron el torneo, disputado por primera vez en formato triangular. Les aseguro que no tiene desperdicio la crónica que se hace del partido en el enlace de más arriba.

A la vez que el PSV se iba consolidando como un grande holandés, incluso haciendo sombra al todopoderoso Ajax, Meneer (Señor) Frits (como era llamado cariñosamente) ya había tenido tiempo de ser director de la empresa nodriza por diez años, y seguir vinculado a ella como supervisor hasta 1977. Posteriormente, no paró de aprovechar su bonanza económica para beneficiar a la ciudad. Fundó la universidad técnica, invirtió en una sala de espectáculos, así como el Evoluon, una especie de domo futurista que pasó de museo a centro de conferencias. Siempre gozó de popularidad en todas las capas sociales, lo que le valió para recibir varias condecoraciones. Un tío con visión de negocio (los japoneses nunca le comieron la tostada) y además campechano, lo cual no es fácil de compaginar. Tanto sería así, que para sus cien años, la ciudad de Eindhoven promovió unos actos para renombrar por un día varios edificios, incluso el propio nombre de la ciudad con el nombre de nuestro amigo. Ni Kim Jong Un vamos... Así, el 16 de abril de 2005, ésta paso a ser Frits Philips Stad por un día. Hasta se acuñó una moneda especial para la ocasión... Eso sin contar que ya de por sí muchos lugares llevan su nombre permanentemente.

Un hombre que sabía hacer dinero y ser comprometido con su ciudad, y que sobre todo, nunca dejó de seguir al equipo de sus amores. Lejos de los palcos vip, siempre apoyó al equipo desde el asiento 43, fila 22 del sector D. Lamentablemente, pocos meses después de esos multitudinarios actos, la salud de Frederik dijo basta, y falleció el 5 de diciembre. Fue homenajeado en el siguiente partido disputado en el Philips Stadion, un PSV-Fenerbahçe de Champions con un minuto de silencio y la victoria de su club por 2:0. Su localidad desde entonces permanece vacía a modo de agradecimiento póstumo. Además, se erigió una estatua en su honor en el centro de la ciudad. El mismo año de su defunción, el capitán Van Bommel, levantó junto a él el último título de liga que el bueno de Frits presenció desde su butaca. Siete hijos, 22 ligas, 9 copas, una Copa de Europa y una UEFA le contemplan.

Una biografía cuando menos llamativa la de este señor, que en unos tiempos de jeques, inversores chinos, y lo que es peor, presidentes que incluso siendo de la casa no gozan de la popularidad ni de los valores adecuados para el fútbol romántico, estuvo altamente vinculado a su club y a su empresa, hasta el punto de llamarme la atención tanto que ha eclipsado la descripción de nuestro próximo rival. Vaarwel Meneer Frits.