lunes, 5 de diciembre de 2016

El Miedo

Como un glaucoma mental que poco a poco va cerrando mi perspectiva; una zozobra perenne que se hace notar en cuanto bajo la guardia; un sentimiento de incompletitud por muy a gusto que esté uno en ese momento: esa puta sensación es la que tengo desde tiempos inmemoriales cada vez que pincha el Atleti. Porque hasta en tiempos de Ferrando, empatar en casa contra el Espanyol es perder puntos. Entonces, cuando esta mierda ocurre, que por suerte no suele ser muy a menudo, me paso por el forro el partido a partido, y ya empiezo a vislumbrar el calendario que queda, incluso los rivales de nuestros rivales. Este comportamiento, por mucho que también conlleve ciertas dosis de mala hostia, es en realidad uno de los instintos más primarios del ser humano: el miedo. Miedo de dejar de ser un equipo nuevamente respetado y temido, de no tener noches mágicas europeas, en resumidas cuentas, perder lo que estos años simeonianos hemos tenido de vuelta. Sin duda a estas alturas del año esto puede parecer ridículo, pero que no se nos olvide cuando un séptimo puesto para entrar por Europa por la gatera era lo más. El mío no es el miedo del futbolista gay a que se enteren que es maricón; el mío es más parecido al del rico que al dormir teme le desvalijen la casa, o del marido feo que le pone un detective a la despampanante esposa. Supongo que por suerte o por desgracia, lo de que no echas de menos algo hasta que lo pierdes conmigo no va. Al menos ese pavor interno compite con las ganas de seguir disfrutando a este Atleti de objetivos colosales, que se enfrenta a su mayor duda de fe desde que Diego Pablo se hizo cargo de la nave. Un par de años antes, Quique, al que le tenemos mucho que agradecer (me encantó el homenaje del Frente), dijo en un alarde de ego que pasarían muchos años hasta que se repitieran éxitos en el Calderón. No pudo decir algo más desafortunado. El Cholo ha conseguido durante su estancia en el Manzanares potenciar un grupo entorno a un estilo para traernos a cambio la época de nuestras vidas y, por si fuera poco, manteniéndola para adaptarse al cambio. Porque rápido te calan y hay que reinventarse y evitar el acomodamiento, que como todo en la vida acaba apareciendo. Esa ansiada frescura no se traduce en forma de goles donde antaño se sacaban partidos en el alambre con más empuje que el rival. Hay que tener confianza en quienes nos han dado todo y si no sale una o cien veces, a mí me vale con que se dejen la piel hasta que salga, que saldrá.


El que no sé si saldrá del Atleti es mi hijo, al que alguien que no fui yo le puso una ropa que le queda incluso mejor que a Koke. Yo también estoy eternamente agradecido pero como salgas del madrid te desheredo.