miércoles, 8 de febrero de 2017

La copa medio llena


Tras la ida veía imposible el pase, fue pasando la semana y el lunes ya no paraba de cruzar mensajes con Bati (mi sobrino del Atleti) sobre las opciones en la vuelta. Este Atleti del Cholo nos ha convertido en yonkis de las grandes citas (si esto es ser sufridor, que no acabe nunca por favor)... Así estuve pensando en el partido toda la mañana del martes, pero surge la mala noticia: el duelo, nunca mejor dicho, iba a tener una mística especial (seguí parte del mismo en un velatorio). ¿Acaso no es en momentos como éste dónde mejor encajan las gestas? Tenía aroma a otra semifinal difícil como la del Bayern y en un entorno de circunstancias para mí (ese día fue el hospital) ¿Por qué el resultado de ésta última no iba a ser como la de Munich? NO. Solo pude ver la última media hora, pero lo cierto es que durante muchísimos minutos y bajo distintos escenarios el glorioso dominó y creó peligro a todo un Barca en su campo, y eso me la pone dura. Para que luego digan que este equipo es monoregistro... Tuvo cogida del pecho a la lógica y puso los huevos de corbata a los messidependientes. Ver a Piqué jalear a la impávida grada tras la expulsión de Carrasco o a la Busqueta echar balones fuera no tiene precio. Pero la pegada de los nuestros estaba anoche de marcha por el Puerto Olímpico. Nada que objetar al despliegue y las ganas que pusieron hasta el final. No olvidemos además, que anduvimos invertebrados sin Gabi y las posteriores bajas de Godín y el indio Gaitán. Y Gameiro, por dios, con los trallazos que te clavabas en las tandas con el Sevilla, ¿tanto pesa la rojiblanca? Una pena, definitivamente no era la noche... Eso sí, una vez más estos colosales cabrones lograron que, aparte de cogerme un cabreo considerable, supurase orgullo al pitar el árbitro. Tras estar absolutamente noqueados por la mejor delantera de la historia contemporánea, pudimos hasta el último segundo meternos en una final que nos habría sabido a gloria tras las dudas de esta temporada. Quedémonos con que esta visita al Nou Camp nos ha recordado a propios y extraños que aún semos peligrosos, como Makinavaja por el Barrio Chino. Quizá aquí, justo a mitad de temporada, se recupere el rumbo. Veamos la copa medio llena tras este Jagermeister de autoestima y, aunque todos quisiéramos una copa sin líquido, metálica y con peana, este grupo de jugadores nos ha enseñado que siguen con sed y que hay más relaciones públicas sueltas: me han comentado que han vuelto a echarle el ojo a una orejona calientapollas que nos ha roto el corazón más de una vez, pero que está tan buena...