sábado, 12 de agosto de 2017

Decir: ¡Vaya viajecito!

Parece que fue hace una eternidad cuando traté de escribir un poco de basura tras la eliminación de Champions. Ha sido la tercera temporada que llego a esa parte final del trayecto exhausto. Otra vez la sensación de llegar con la lengua fuera, o mejor dicho, bien escondida y sin motivación de hablar por aquí. Sin las ganas (tiempo siempre se puede sacar) para despedir aún más al Calderón, agradecer al equipo su gran intento de revertir las semifinales de Champions, hacer un balance de lo bueno y lo no tan bueno de este nuevo capítulo con el Cholo al mando... Y así con la tontería llega otro periodo de entreguerras, y a mediados de agosto me vuelve a picar el gusanillo, veo las cuatro patochadas amorfas que no llegué a publicar haciendo referencia al último partido ante el Madrid, y veo que ya no tiene sentido remover la mierda al mismo tiempo que constato que sigo queriendo más de este modo de vivir las temporadas, ¿quién sabe si será la última con el grosso de este elenco de grandes jugadores y mejor líder? Mi temporada futbolística terminó más tarde tras seguir la fase de ascenso a tercera. Después, en mi pretemporada particular, con vacaciones de goma, mudanza y labores de canguro interminables, he logrado minimizar mi síndrome de abstinencia y es ahora, cerca ya de la vuelta de calentamiento, cuando sí que desea uno que esto empiece.


Porque ya están quitados los puntos, en las heridas y en los casilleros de cada competición. Se levan anclas de nuevo y este año, como siempre, se vuelve a hablar de novias, follamigas y fulanas que hablan al oído a nuestros cracks y nuestros dirigentes. Me parece hace un siglo cuando veía al Manchester United levantar la Europa League, mientras pensaba que se nos iba Griezmann pallá. No es que no esté acostumbrado a la escapada de nuestros mejores jugadores, sino que este año con la sanción de fichajes, si se iba el rubiales nos dejaba con una mano delante y otra atrás. El caso es que tras no cristalizar esa marcha, tan tempranera en el largo verano que se avecinaba, me he vuelto aún más pasota con el marujeo del mercado estival, y ya no me creo ni un cuarto de lo que vea (si no, acordémonos del rocambolesco caso Vitolo). A falta de otra cosa, consolémonos pensando en lo difícil que es que un nuevo jugador llegue a hacerlo medianamente regular aquí, y esperemos que llegue el Diegoelantero Costaentro en la última campanada (eso sí, que no coja más kilos el lagarto, sino que los suelten en forma de £ para traerlo de vuelta). De aquí a que llegue la caballería de refuerzo allá por el turrón, habremos tenido tiempo de que no nos chirríe el nuevo estadio, incluso a tolerar el nuevo escudo/logo, y ojalá que no hayamos perdido el sano hábito de seguir comiendo en la mesa de los ricos, pero eructando y limpiándonos con el mantel. Entre medias, se intentará mantener al día religiosamente el cuaderno de bitácora para gloria de nuestro Atleti, con la esperanza de llegar a la meta allá por junio, a poder ser con silverware de alguna razzia, y sobre todo tener fuerzas hasta la última palada para estar a la altura del equipo hasta el final. Quizá sea triste, pero solo a través de este blog aspiro a cumplir la siguiente frase, que da gran inspiración a mi entrada, veremos si llego con gasoil suficiente: